Tras Cámaras

La realización del documental Guañuna

Cómo se hizo Guañuna

Hace 17 años entré por primera vez a la sala de la casa de la familia Guañuna, en Zámbiza. Yo tenía 28 años, y mi hijo, apenas 5. Me acompañaba Paulina Ponce, defensora de derechos humanos, quien conoció a don Leonardo Guañuna en la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, CEDHU. Yo tenía muy poca experiencia haciendo cine. Había filmado bastante, sí, pero con los métodos que había aprendido en la televisión y en productoras independientes. Del cine solo tenía el impulso de todas las películas de autor que había visto. Aun así, sentía con claridad que debía documentar esta historia, para denunciar una injusticia y exigir que no se repita.

No tenía idea de lo que me esperaba. Tampoco imaginaba que tardaría 14 años en cumplir ese propósito. Pero esa tarde, en esa sala sencilla y digna, les hice una promesa a sus padres: haría una película sobre su hijo. Esa promesa se convirtió en mi aliento y en mi compromiso más profundo, incluso en los momentos más duros —económicos, intelectuales, pero sobre todo emocionales— que implicó hacerla.

Mi primer equipo era mínimo: una cámara Sony 170, que filmaba en 720 x 480. Un formato pequeño, pero con buen zoom, estabilizador y un lente luminoso. No era una cámara de cine, pero lo importante era registrar los hechos. Usaba un chaleco azul de camarógrafo que me permitía pasar como miembro de la prensa. Llevaba un boom Sennheiser con su caña, y pedía a amigos o vecinos —sin experiencia alguna en sonido— que simplemente sostuvieran el micrófono apuntando lo más cerca posible a la boca de los personajes.

Con ese equipo básico —y muchas veces con mi hijo acompañándome en los rodajes— recorrí juzgados, barrios, conciertos y manifestaciones. Más adelante, conseguí una Canon  T3i con un lente zoom de bajo presupuesto y un lente fijo de 35mm. Su apertura me permitió explorar la profundidad de campo, la imagen ya era distinta. Me encanta hacer cámara, pero no es un oficio fácil, sobre todo cuando se aprende haciendo, sin haber estudiado cine, sin tutoriales en YouTube.

Esta fue una película sin presupuesto y sin plan de rodaje. Fue cine guerrilla: hecha a pulso, sin pretensiones de festivalear, pero con toda la convicción del corazón. Y fue justamente esa libertad, esa honestidad, la que la hizo posible. A lo largo del camino, acompañado de Paulina, Felipe, Nancy y finalmente Lunita, GUAÑUNA vio la luz. Llevamos 3 años difundiéndola sin parar hasta el momento.

Proyección de cine comunitario.